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SANTA MARÍA LA BLANCA

Sobre Santa María la Blanca

La que fuera sinagoga mayor de Toledo, hoy Santa María la Blanca es uno de los iconos de Toledo. Sus bosque de columnas blancas es desde hace siglos un símbolo de identidad de Toledo y de la historia de los judíos en la ciudad.

Santa María la Blanca te transporta a otra época, un remanso de paz en el sonoro mundo en el que hoy vivimos. Trasladarse hasta este edificio es empaparse de la cultura sefardí de nuestra ciudad.

La exquisita conservación del monumento permite contemplar el edificio tal y como se concibió siglos atrás.

El amplio jardín que rodea los muros de la antigua sinagoga permite hacer un alto en el camino y disfrutar de una experiencia inolvidable.

En los últimos años, un revolucionario sistema de iluminación led dinámico ha permitido que hoy disfrutemos de este joya como nunca antes se había hecho.

Historia

El corazón de la judería de Toledo atesora una historia apasionante

Arte

Un edificio único en España, de cuidada decoración que te transporta a otra época

Historia

HIPOTÉSIS EN TORNO A SU ORIGEN

La sinagoga Mayor de Toledo

Se desconoce con exactitud la época de construcción, puesto que tan sólo poseemos escasos datos documentales tomados de poemas e inscripciones ajenas al edificio, en base a los cuales algunos historiadores afirmaron que estamos ante la llamada Sinagoga Nueva de Yosef ben Susán, muerto en 1205. Otros apuntan a que sea la llamada Sinagoga de Al Malikim, impulsada por David ben Salomón Abí Darham en 1271.

Sin embargo, la mayoría de los estudiosos hoy, basándose en la arquitectura grandiosa del edificio y en los resultados de la arqueología afirman que estamos ante la Sinagoga Mayor de la judería toledana, construida a finales del siglo XII por Abraham ibn Alfache, consejero y embajador de Alfonso VIII, monarca de abierta simpatía hacia los judíos, y que fue reconstruida tras un incendio en 1250.

Recientemente, atendiendo a su profusa de decoración emparentada con el arte nazarí algún investigador aboga por retrotraer en el tiempo su origen y fechar la construcción en el siglo XIV.

IGLESIA UN SIGLO ANTES DE LA EXPULSIÓN

Su conversión en Iglesia de Santa María de Blanca

El historiador Pisa en el siglo XVI da la noticia que luego amplia Lorenzana del hallazgo en un viejo libro manuscrito de la narración del suceso ocurrido con motivo de las predicaciones de San Vicente Ferrer en 1411: “y fue que el pueblo se inflamó con el Sermón de San Vicente y con esto quitaron a los judíos la sinagoga de Santa María la Blanca según ahora se llama”.  Sabemos que los enfrentamientos entre los partidarios de Pedro I y los de su hermanastro Enrique Trastámara, éste último antisemita, propiciaron el asalto y saqueo a algunos inmuebles del barrio judío, como también ocurrirá a lo largo del siglo siguiente por la lucha entre los linajes de los Ayala y los Silva, éstos últimos favorables a los conversos. Lo cierto es que décadas antes de la Expulsión dejó de utilizarse como sinagoga para convertirse en iglesia con el nombre de Santa María la Blanca, por ser la imagen titular la Virgen Blanca, copia de la existente en el coro de la Catedral.

Reformas en el Renacimiento

En 1554 el cardenal Silíceo fundó en ella un beaterio bajo la advocación de Nuestra Señora de la Piedad o Refugio de la Penitencia, para acoger a mujeres arrepentidas que funcionó hasta el final del siglo, cuando volvió a ser ermita sin culto.

Covarrubias reformó la cabecera creando tres capillas que cubrió con bóvedas aveneradas, cúpula en la central y cuarto de esfera en las laterales, sobre trompas y pechinas respectivamente. Aquí se situó un retablo contratado con Nicolás de Vergara el Viejo y Bautista Vázquez que hoy preside la Capilla Mayor de la Iglesia del Salvador. También al siglo XVI pertenecen las 17 tumbas, tres de ellas infantiles, que han aparecido en las últimas excavaciones de 1989.

Destino para románticos y viajeros

En 1791 la imagen de Nuestra Señora la Blanca fue trasladada a la parroquia de Santo Tomé y sus dependencias fueron destinadas a cuartel militar de infantería, lo que degradó considerablemente el conjunto. De esta época son las 14 dependencias abovedadas que existen bajo el subsuelo del edificio.

Amenazando ruina en 1798 fue destinado a almacén de la Real Hacienda y así permaneció siendo visitada por los viajeros románticos que en el siglo XIX se acercaban a Toledo en busca de un pasado imperial y un presente pintoresco que supieron plasmar en descripciones y grabados. A mediados del siglo XIX la Comisión Provincial de Monumentos Históricos se hizo cargo del edificio, cerrando el muro sur, y encargando al tallista Ceferino Díaz la reparación de los capiteles. En 1930 fue declarado Monumento Nacional.

ARTE

ARQUITECTURA

Un estilo original

El edificio es considerado como una muestra incomparable del arte mudéjar en la ciudad, simbiosis de técnicas heredadas por los alarifes musulmanes. Las características arquitectónicas de lo conservado, entre ellas los pilares octogonales, para muchos propias del arte almohade, están más próximas a las construcciones bajomedievales castellanas. Por otra parte, la compleja decoración de la parte baja con discos en las enjutas de los arcos y piñas de los capiteles separadas de la cesta, llevan a asociar el estilo decorativo a la arquitectura nazarí del reino de Granada y meriní de Marruecos del siglo XIV.

Una extraña planta irregular

Su planta es un cuadrilátero irregular orientado en su cabecera hacia el este, cuyas medidas oscilan entre los 26 y 28 metros de longitud y 19 y 23 de anchura, algo extraño e inusual. Parece ser que se levanta sobre construcciones anteriores, aprovechando la cimentación de éstas y que los muros sur y oeste han podido ser alterados, o añadidos en diferentes campañas constructivas.

La entrada principal a los pies, se hace a través de una gran puerta de madera con decoración mudéjar de lacería con estrellas de diez puntas, instalada en las reformas de fines del siglo XIX, bajo la protección de un tejaroz. Todo el conjunto invita a la contemplación y a la alabanza asombrada, tal como suscitó durante siglos al pueblo judío.

Se articula en cinco naves separadas por arcos de herradura sobre pilares octogonales, más ancha la central que las laterales y éstas que las extremas. Sobre las arquerías de herradura se levanta un segundo cuerpo de arcos polilobulados sobre columnas pareadas, originalmente abiertos y desde hace tiempo tapiados. En altura llega a alcanzar los 12,50 metros la nave central, 10 metros las intermedias y 7 las extremas y se cubren por armaduras de madera de alerce: artesonados de par hilera y par y nudillo apoyados en gruesos tirantes.

El bello recinto de la sinagoga está rodeado por un muro que custodia un antiguo jardín poblado de cipreses. Al fondo se asoma el edificio, construido con muros de ladrillo y tapial, enlucidos con cal.

El lugar de las mujeres

El espacio heredado en la actualidad lleva a plantear la posibilidad de localizar el lugar de las mujeres en algún espacio de las naves laterales. Sin embargo, tras los estudios más recientes podemos afirmar que las mujeres se situarían a los pies de la nave central en una tribuna alta de madera, hoy perdida, a pesar de que no existen referentes hispanos de tal disposición en el mismo eje del hejal (Arca Santa) y la bimá (ambón). El estudio de la cimentación, y el hecho de que los cuatro últimos capiteles adosados al muro sur sean ligeramente diferentes al resto, así como las pinturas murales encontradas que testimonian la adición de un nuevo espacio, hace pensar que tras el incendio de 1250 pudo añadirse este último tramo en las naves con el fin de acoger la tribuna de mujeres.

ESCULTURA

Una rica y frondosa decoración

Sobresalen por su labra los hermosísimos capiteles de estuco que rematan los pilares, con decoración de cintas, volutas y piñas. La piña es un elemento de tradición oriental relacionado con la unidad del pueblo de Israel y que retomará el cristianismo también por su simbología en torno a la comunión. Sobre las arquerías discurren roleos formados por palmetas y en las enjutas de los arcos, discos con múltiples composiciones geométricas. La vegetación y la geometría, imagen de la obra del Creador en el cosmos y en la naturaleza, son temas recurrentes en los espacios de culto de los iconoclastas judíos y musulmanes. Sobre ellos, conchas o veneras en alto relieve, asociadas al agua y a la nueva vida, y cartuchos entre ellas para acoger los textos sagrados que irían pintados y que hemos perdido en su totalidad. Por encima, frisos corridos con estrellas de ocho puntas muy simples, anteriores a la decoración de discos entre arcos que bien pudieron pertenecer a la primera fase constructiva del edificio, junto con el cuerpo de las naves, a las que se añadieron la prolongación de tramos, la decoración entre arcos y posiblemente la techumbre.

Una única estrella de David

En el último de los discos decorativos a la derecha de la nave central, se encuentra el famoso signo judío del maguén David o estrella de David, una estrella de seis puntas cuya adscripción inequívoca al judaísmo es posterior al siglo XV y por tanto, en este contexto forma parte del repertorio compartido por las culturas orientales.

CERÁMICA

Solería de cerámica

La superficie en el interior se encuentra muy alterada por las intervenciones en el pasado. Se han encontrado hasta dos suelos anteriores al actual que es del siglo XIX, sin haber sobrevivido el pavimento original. Sin embargo, en este suelo de baldosas de barro cocido todavía perduran restos cerámicos antiguos: la parte inferior de algunos pilares está adornada con pequeñas piezas de cerámica con la técnica de la cuerda seca, los alizares, que datan del siglo XVI, de la remodelación de Silíceo. De la misma época, formando un dibujo entre las baldosas, existen tiras o cintillas de cerámica con la técnica de arista y dibujos renacentistas. El resto de las tiras estrechas de cuerda seca con motivos de tipo abstracto, en azul y naranja sobre fondo blanco pertenecen a nuestro tiempo.

MÁS AÚN…

SEFARAD

La Judería mayor

Este lugar al poniente de la ciudad se conoce como Judería mayor desde el Canciller don Pedro López de Ayala. Sin embargo existen noticias anteriores de la época del gobernador musulmán Muchair ibn al-Qatil (siglo IX) cuando era denominada: madinat al Yahud, o ciudad de los judíos, y fue rodeada por una cerca. En este lugar existieron diferentes barrios como los del Alacava, Caleros, Hamanzeite, Cosperos, postigo del Fierro, Arriaza… conocidos por la documentación y localizados por algunas de sus calles cuyo trazado sobrevive. Frente a esta sinagoga se alzaba el castillo viejo de los judíos, y más allá hacia el puente de San Martín las carnicerías, el matadero o degolladero de animales según las leyes de pureza. Y a su alrededor, diferentes baños rituales o mikvé, de los que han quedado restos materiales, escuelas rabínicas o yeshivas, tiendas, zocos, hornos… y todos los inmuebles de una próspera judería que llegó a contar con más de cinco mil personas. La vida de los judíos en Toledo y en Sefarad fue interrumpida por el Edicto de Expulsión dictado por los Reyes Católicos en 1492, motivado por su interés por lograr la conversión al cristianismo de todos sus súbditos y naturales del reino, sobre todo tras la conquista del reino de Granada y por su deseo de proteger a los ya conversos. Con la instauración del Santo Oficio en 1478 habían tratado de acabar con el problema de los falsos conversos, pero, dada la apostasía de muchos cristianos conversos instigados por judíos, considerando que no podrían hacer de ellos buenos cristianos mientras a su lado vivieran judíos, acordaron: “…aviendo avido sobre ello mucha deliberacion, acordamos de mandar salir todos los dichos judíos y judías de nuestros reynos”.

Toledo tuvo diez o doce sinagogas

En el poema de Yaaqob Albeneh dedicado a los graves acontecimientos de 1391 se mencionan nueve sinagogas en la judería toledana: la sinagoga mayor (probablemente ésta de Santa María la Blanca), el templo viejo, el templo nuevo o nueva sinagoga, la sinagoga del príncipe Semuel Leví (actual museo sefardí), la sinagoga del Cordobés, la de Benzizá, la de Ben Abidarham, la de Suloquia y la de Algiada. Recientemente el arquitecto Jean Passini ha identificado el inmueble de la sinagoga del Sofer.

Testimonio acerca de la Judería de Toledo

“Vine a la extensa ciudad de Toledo, capital del reino que está revestida del encanto de la dominación y ornada con las ciencias, mostrando a los pueblos y príncipes su belleza. Porque hacia allí emigraron las tribus, las tribus del Señor. ¡Cuántos palacios hay en su interior que hacen correr a las luminarias por la magnificencia de su belleza y esplendor! ¡Cuántas sinagogas hay en ella de belleza incomparable! Allí, toda alma alaba al Señor. En su medio habita una congregación de semilla santa, que tiene como adorno la justicia, numerosa como las plantas del campo.”

Judá ben Selomó al Haziri. siglos XII-XIII, Séfer Tahkhemoni – Las asambleas de los sabios-