
Entre 1586 y 1588, El Greco pinta El entierro del Conde de Orgaz en un enorme lienzo (Óleo sobre lienzo, 188 x 248 cm.) que ilustra el milagro ocurrido en 1323, cuando San Esteban y San Agustín de Hipona descienden del Cielo para enterrar personalmente a Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de Orgaz, destacando de esta forma la bondad del conde.
En 1586, cuando El Greco firmó el contrato para pintar El entierro del Conde de Orgaz, ya era un artista maduro y asentado en Toledo. De origen griego (nacido en Creta en 1541), había pasado por Venecia y Roma antes de establecerse en España en 1577. Aunque inicialmente buscó el favor de la corte de Felipe II, su estilo poco convencional no encajó con el gusto real, por lo que centró su carrera en Toledo, donde encontró mecenas y reconocimiento.
Fue en esta ciudad donde el párroco de la iglesia de Santo Tomé, Andrés Núñez de Madrid, le encargó esta monumental obra. Su objetivo era doble: embellecer la capilla que albergaba los restos de Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de Orgaz, y conmemorar el milagro que lo había convertido en leyenda.
¿Quién fue el Conde de Orgaz?
Don Gonzalo Ruiz de Toledo fue un noble toledano del siglo XIV, muy respetado por su piedad y generosidad. En su testamento dejó estipulado que debía ser enterrado en la iglesia de Santo Tomé y que los vecinos del pueblo de Orgaz pagarían anualmente tributos para mantener la parroquia y ayudar a los pobres. Al negarse estos durante un tiempo, el párroco Andrés Núñez ganó un juicio que permitió recuperar los fondos, lo cual fue decisivo para encargar la pintura.
La leyenda cuenta que, durante su entierro en 1323, aparecieron milagrosamente San Agustín y San Esteban, quienes bajaron del cielo para colocar su cuerpo en la tumba con sus propias manos. Este hecho extraordinario es el que inspira el cuadro.
El encargo: arte, fe y política
Antes de que El Greco pudiera pintar este suceso sobrenatural, el párroco tuvo que conseguir el visto bueno de la Iglesia. Siguiendo las normas del Concilio de Trento, logró en 1583 el reconocimiento oficial del milagro y dos años después firmó el contrato con el pintor. El documento especificaba con detalle qué debía representarse: el cortejo fúnebre, la bajada de los santos y un “cielo en gloria” que mostrara la ascensión del alma del difunto.
El Cielo y la Tierra
La espiritualidad de Toledo de la época influyó en El Greco, quien venía de Venecia, donde la influencia del laicismo en las artes era evidente. Este cuadro, que podemos visitar en la Iglesia de Santo Tomé representa las dos dimensiones de la existencia humana: la Tierra abajo, la muerte, y el Cielo arriba, la vida eterna.
El Greco plasma en el cuadro el horizonte cristiano de la vida después de la muerte, iluminado por Jesucristo. Son dos mundos claramente diferenciados por el estilo y el uso de la luz y el color.
La luminosidad en la parte superior del cuadro refleja la clara influencia de la escuela veneciana en la pintura de El Greco. Esta luminosidad contrasta especialmente con la mitad inferior del cuadro, que representa lo terrenal. El Cielo, pintado al estilo de la tradición iconográfica oriental, está lleno de la luz que emana de la figura central: Jesucristo. La Virgen María a su derecha y San Juan Bautista a su izquierda aparecen dentro del triángulo de luz que irradia, mientras que el resto de los personajes en la esfera celestial están más iluminados cuanto más cerca están de Jesucristo.
La parte inferior muestra el entierro propiamente dicho. San Esteban y San Agustín, vestidos con lujosos ropajes litúrgicos, depositan con delicadeza el cuerpo del conde, vestido con armadura. Alrededor, una procesión de personajes contemporáneos observa la escena. Muchos de ellos están identificados como figuras reales de la Toledo de la época, e incluso aparece el hijo del Greco, Jorge Manuel, con la firma del artista en su pañuelo.
El contraste entre ambas mitades —realismo terrenal abajo, misticismo celestial arriba— es lo que da fuerza y originalidad a la obra. El Greco no sólo respetó el relato tridentino, sino que añadió su sensibilidad y espiritualidad.

Aquí también encontramos una gran abundancia de tonalidades: azules, rojos, verdes, ocres… Por el contrario, en la esfera terrestre hay una ausencia casi total de luz; un mundo oscuro sólo iluminado por las seis antorchas enarboladas por algunos de los personajes presentes en el entierro. De igual modo, destaca la ausencia de color, ceñido casi exclusivamente al uso de negros y grises.
Sólo hay una nota discordante respecto a todo lo descrito: las dos figuras que sostienen al difunto, San Esteban y San Agustín, vestidos con dalmáticas doradas y rojas (símbolo del martirio) y mitra y casulla doradas, respectivamente. Con esta iluminación, El Greco consigue no sólo mostrarnos las diferencias entre ambos mundos, diferencias sólo superables mediante la Cruz, el único camino de unión entre ambos como representa la cruz a la derecha, sino también llamar nuestra atención principalmente hacia el Cielo y no hacia la Tierra, según el pensamiento cristiano en el que la meta es Cristo.

El Greco eligió el estilo de la escuela flamenca, muy sobrio y realista, para transmitir el espíritu religioso de la época en la parte terrenal del cuadro. A través de los rostros de los personajes, todos ellos nobles contemporáneos suyos, El Greco representa de diversas formas la actitud del hombre hacia la muerte: unos meditando, otros llorando, otros comentando entre sí el acontecimiento. Finalmente, algunos se dan cuenta del milagro cuando el cuerpo sube a la Gloria.
La comúnmente llamadas obra, El entierro del Conde de Orgaz, establece una conexión directa con el espectador, ya que otros personajes miran directamente al frente, como es el caso de el propio Greco o su hijo, Jorge Manuel.
Hay un especial cuidado en representar a los personajes siempre con la indumentaria de la época, reflejando el rango social de cada uno. Así, el señor de Orgaz está ataviado con armadura de caballero castellano, y la nobleza y el clero según su época. En ella podemos apreciar el cuidado en los detalles, viendo a San Esteban reflejado en el brillo del pecho o los elegantes remates de la armadura.
En la casulla de San Esteban se pueden apreciar influencias de pintores como Tiziano, en la pincelada suelta y el color rojo. En otros detalles de la casulla, como la representación del martirio, se aprecian influencias de los estudios de anatomía de Miguel Ángel.
La muerte
A medio camino entre el Cielo y la Tierra encontramos a un ángel que transporta en sus manos una especie de feto o crisálida, símbolo del alma del Señor de Orgaz, entrando a través de unas nubes que asemejan un útero materno. De este modo, la muerte se presenta no como un final sino como un principio, un nacimiento a la vida eterna. La muerte es un parto a la otra vida.
Una visión esperanzadora y cargada de fe. Además, la composición del cuadro sugiere el relato pictórico del oficio de difuntos, en el que hay un salmo que dice: “al Paraíso te lleven los ángeles, a tu llegada te reciban los mártires”.
El Juicio
Jesucristo aparece como juez del alma que llega, destacando la serenidad de su rostro, su paz, que sugiere un juicio donde la misericordia jugará un papel principal en el veredicto.
Se aprecia la clara influencia bizantina en la representación de este Cristo como un pantocrátor, detalle que se repite en otras obras de El Greco.
La Virgen María y San Juan Bautista intervienen como abogados defensores del alma. Jesucristo, con su mano, indica a San Pedro, a su derecha, acompañado por San Juan Evangelista, que abra las puertas del Cielo al alma de su siervo fiel. Sorprende el tratamiento del juicio y de la muerte por la ausencia de temor y tristeza que transmite el cuadro, donde la esperanza es la tónica dominante.

Los personajes que aparecen en El Entierro del Conde de Orgaz.
- La Trinidad. En lo alto, El Greco representa un tipo de Deësis, muy común en la iconografía ortodoxa:
- Cristo al centro, en actitud de juez.
- La Virgen María a su derecha, intercediendo.
- San Juan Bautista a su izquierda, también mediando.
- El Conde de Orgaz. Representado como un caballero medieval con armadura, está siendo bajado al sepulcro por dos santos. Aunque vivió en el siglo XIV, aparece vestido a la moda del siglo XVI, como era habitual en estas representaciones.
- San Esteban y San Agustín. Son los dos santos que, según la leyenda, bajaron del cielo para enterrar al Conde. Están ricamente vestidos con ornamentos litúrgicos, probablemente inspirados en los que usaban los canónigos toledanos del siglo XVI.
- El niño con la antorcha. Este niño mira directamente al espectador y señala la escena central. Es Jorge Manuel Theotocópuli, el hijo del Greco, que entonces tenía unos 10 años. En su pañuelo aparece la firma del pintor y la fecha: “Domenikos Theotocopoulos epoiei 1586”.
- El párroco Andrés Núñez de Madrid. Fue quien encargó la obra y quien rescató la historia del conde. Aparece de perfil, sosteniendo un libro litúrgico, probablemente un misal.
- Personajes contemporáneos del Greco. Hay al menos una docena de retratos de hombres notables de Toledo.
- El ángel con el alma. En el centro, un ángel lleva hacia lo alto un alma en forma de niño etéreo, en una figura que recuerda el arte bizantino. Este es el alma del Conde.
- Santos y figuras celestiales. Acompañan a la Trinidad varias figuras santas:
- San Pedro con las llaves.
- Rey David con un arpa.
- Moisés con las tablas de la ley.
- San Pablo, Santa Catalina, Santa Inés, Santa Magdalena, entre otros.
- Algunos identificados por estudiosos incluyen:
- Luis de Castilla, hijo del decano de la Catedral, amigo y mecenas del Greco.
- Juan de Silva y de Ribera, marqués de Montemayor y alcalde de Toledo.
- Clérigos, juristas y humanistas toledanos, entre ellos miembros del Cabildo.
¿Por qué son importantes estos personajes?
Retrato social: El Greco convierte la escena religiosa en un reflejo de la élite intelectual y religiosa de Toledo.
Testimonios visuales: Gracias a esta pintura, conocemos cómo vestían y cómo eran los rostros de figuras reales de la ciudad en el siglo XVI.
Función pedagógica y moral: Los personajes representaban modelos de virtud y devoción, tanto en vida como en la muerte.
¿Qué hace única esta pintura?
- Innovación visual: La estructura vertical y la composición en óvalos entrelazados, la ausencia de profundidad y el uso de la luz anticipan lenguajes que siglos después explorarían las vanguardias.
- Rostros reales: Los personajes retratados son nobles, clérigos e intelectuales de la época. El espectador se encuentra frente a una auténtica galería de retratos que reflejan la sociedad toledana del siglo XVI.
- Colores y técnica: El Greco combinó el estilo veneciano, el misticismo bizantino y el dramatismo manierista. En la parte inferior usó colores cálidos, meticulosos, mientras que en la parte superior dominan los tonos fríos, aplicados con pinceladas más sueltas y expresivas.
- Espiritualidad: La escena eleva lo cotidiano a lo divino. La muerte no se muestra con dramatismo, sino como una transición serena hacia la gloria celestial.
Una obra incomprendida… hasta el siglo XX
Durante siglos, El entierro del Conde de Orgaz fue considerado una rareza. Los críticos del barroco y el neoclasicismo lo tacharon de extravagante o incluso de incorrecto. Solo con la llegada del siglo XX, gracias a figuras como Manuel Bartolomé Cossío o Maurice Barrès, el Greco fue redescubierto como un genio adelantado a su tiempo. Hoy es considerado uno de los pilares de la pintura universal, y este cuadro, su obra maestra.
Curiosidades
- El Greco vivía a pocos metros de la iglesia de Santo Tomé cuando recibió el encargo.
- El niño que sujeta una antorcha e indica la escena central es, casi con certeza, su hijo.
- El cuadro nunca se ha movido de su ubicación original.
- La pintura fue clave en la lucha por el reconocimiento de los artistas como profesionales liberales en la España del siglo XVII.
¿Dónde se encuentra el cuadro del el entierro del Señor de Orgaz?
El cuadro se encuentra en uno de nuestros monumentos, en la Iglesia de Santo Tomé en Toledo, puedes visitarlo adquiriendo tu entrada en nuestra tienda.
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Más información:
Monumento Santo Tomé en Toledo Monumental




