
“De los muros exteriores penden cadenas y grillos de los cautivos cristianos de Granada, puestos allí en memoria suya, que no bastarían dos carros para llevarlos.”
Una investigación detallada sobre las cuentas del tesorero de Isabel I de Castilla, Ruy López de Toledo, revela que la reina financió el traslado a Toledo de las cadenas de los prisioneros cristianos liberados por don Fernando en Marbella y otras plazas andaluzas.
Toledo está impregnada de historias que han quedado grabadas en la memoria colectiva. Aunque carecen de pruebas documentales, estas narrativas han sido transmitidas oralmente de generación en generación y son ampliamente aceptadas. Sus leyendas son un testimonio claro de ello. Sin embargo, ocasionalmente se descubre algún antiguo documento en un archivo que arroja luz sobre eventos previamente considerados verdaderos debido a numerosos testimonios a lo largo de los siglos. Este es precisamente el caso de una de las historias que más sorprenden a los visitantes del Monasterio de San Juan de los Reyes.
El monasterio fue erigido para conmemorar la victoria de los Reyes Católicos sobre el rey Alfonso V de Portugal en la batalla de Toro. También se contempló como el lugar de descanso final de Isabel y Fernando, aunque finalmente eligieron Granada por su gran simbolismo tras la conquista.
Este simbolismo, especialmente significativo para los Reyes Católicos y en particular para Isabel, se refleja claramente en la fachada del monasterio toledano. De sus muros exteriores cuelgan cadenas que evocan la liberación de los cautivos cristianos durante la campaña de la Guerra de Granada en el siglo XV contra los musulmanes.
Numerosos testimonios en libros de historia y crónicas de la época, como el del humanista Jerónimo Münzer en su obra ‘Viaje por España y Portugal en los años 1494 y 1495‘, mencionan estos grilletes y destacan su simbolismo como un triunfo del cristianismo sobre el islam. Sin embargo, hasta entonces no se contaba con pruebas contundentes de que esto hubiera sucedido en realidad.
Incluso existen documentos que indican que las cadenas fueron llevadas a Toledo por los propios esclavos cristianos liberados, como exvotos de agradecimiento eterno a Dios y a su Reina.
Esta historia siempre se ha contado y muchos la han aceptado como verídica, aunque otros más escépticos la consideren meramente ornamental con un claro simbolismo. De cualquier manera, las cadenas cumplen su función de recordatorio, homenaje y exaltación, aunque siempre ha existido la incertidumbre sobre si pertenece realmente a la historia o solo a la propaganda de la época.
Pablo Ortego Rico, profesor de Historia Medieval en la Universidad de Málaga, esclarece este tema en un artículo publicado en la revista de la Universidad Complutense ‘España medieval‘, titulado ‘1480: Un año en la corte de Isabel I de Castilla’. Este estudio forma parte de los resultados del ‘Proyecto de Investigación Sistemas fiscales y construcción estatal: Castilla, centros y periferias (1250-1550)‘, integrado en la Red Arca Comunis.
Ortego Rico analiza las cuentas del tesorero Ruy López de Toledo correspondientes al año 1480, las cuales, según él, «proporcionan información precisa sobre el gasto suntuoso, la vida cotidiana de la reina y los pagos realizados en la corte castellana en ese año».
Uno de esos pagos se refiere directamente a San Juan de los Reyes. El documento original, conservado en el Archivo General de Simancas, dentro de la Contaduría Mayor de Cuentas (primera época, legajo 106, sin fecha), menciona que en 1485 Ruy López de Toledo pagó «181.160 maravedíes a ciertos guías encargados del transporte de la ‘cámara’ de la reina durante todo el año, incluyendo el traslado de los grilletes de los cautivos de Ronda al monasterio de San Juan de los Reyes en Toledo».
Esta entrada contable constituye la mejor prueba de que el traslado se llevó a cabo y que el pago fue realizado, certificando así que el simbolismo de las cadenas, como recuerdo de los esclavos cristianos en el reino nazarí de Granada, tuvo una base en la realidad histórica.

Historia de los esclavos liberados
Ronda fue tomada el 22 de mayo de 1485 tras un prolongado asedio por las tropas del marqués de Cádiz, Don Pedro Enríquez, adelantado de Andalucía. La mayoría de los esclavos cristianos de la ciudad trabajaban en la conocida como Sala de la Noria, ubicada debajo del palacio real árabe de la ciudad.
Esta Mina de Agua del siglo XIV es uno de los ejemplos mejor conservados de ingeniería hidráulica del Reino Nazarí en España, construida para fortificar la ciudad aprovechando una grieta natural en la pared del río. Se excavó una galería para extraer agua mediante una noria, asegurando así el suministro durante los asedios.
Los esclavos operaban la noria para proveer agua, dado que la galería era demasiado estrecha para el acceso de animales. Durante el asedio cristiano de la ciudad, los zapadores del ejército de los Reyes Católicos pudieron acceder a ella y superar las defensas naturales y murallas.
Los esclavos de Ronda fueron liberados, y para agradecer a Dios y a su reina, Isabel pagó 181.160 maravedíes para que las cadenas fueran llevadas al monasterio de San Juan de los Reyes. Aunque algunos escépticos pueden cuestionar si las cadenas que cuelgan actualmente de los muros del monasterio son las originales ya que el edificio fue incendiado y saqueado en el siglo XIX por las tropas napoleónicas y sufrió daños durante la Guerra Civil Española.
Quizás algún día se pueda analizar el metal de estos grilletes para determinar si se emplearon métodos medievales en su fundición y forja. Mientras tanto, el simbolismo de estos grilletes perdura como una de las grandes historias de San Juan de los Reyes.





